Los terrores del monte en clave de humor paisano | Nota en UNO Entre Ríos

Miedo. El protagonista es presa de su mente y su soledad.
El viernes se estrenó Testigo, dirigida por Juan Kohner y protagonizada por Toño López.

Por Luciana Actis
De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

La minúscula sala de Arteatro se hizo aún más pequeña cuando se sumergió de golpe en la penumbra la noche del viernes. La respiración corta de los espectadores se oía intensa, a la espera de que algo suceda. El sonido seco aumentaba la tensión ante la falta de visión. Finalmente, un reflector tenue iluminó los rasgos de un hombre encogido, de mirada penetrante, y ojos brillosos que daba cuerda a un artefacto tan misterioso como chirriante.

Con una tonada de geografía imprecisa, pero con impronta campera, Toño López dio voz a un protagonista solitario, atormentado, y atormentante. Un hombre convertido en poco más que un animalito salvaje a causa de la falta de sueño y el exceso de miedos que, de a poco, se irían revelando tácitamente ante un público ávido de saber, de entender los cómos y porqués.

Una antigua casa abandonada en el monte y un cuaderno negro de tapas blanduzcas serían los causantes de la mortificación del protagonista, que está solo con su alma y una lamparita tenue.

Visiones fantasmagóricas entrarían por los oídos de los espectadores. Visiones aterradoras que –por momentos– también eran capaces de despertar risas por la vehemencia del narrador.

Llegada desde Misiones, esta historia tan entrerriana como correntina, fue adaptada por López y Juan Kohner –el director–, en base a los cuentos de Sebastián Borkoski, quien estuvo presente en el estreno. Se trata de un terror universal, que bien podría haber salido de la cabeza de Edgar Allan Poe, Howard Phillips Lovecraft, o del misionero por adopción, Horacio Quiroga. El planteo va más allá de las apariciones de ultratumba. Es el miedo al miedo, es el terror que genera no saber si en verdad existen las entidades maléficas o si, aún peor, es la propia mente la que –ineludiblemente– lleva a la autodestrucción.

Omitiendo un enganche, la trama cambió de rumbo súbitamente. El protagonista dejó atrás los tormentos del más allá por otros más terrenales. En esta segunda parte, la obra revive una historia real que vivió el abuelo de Borkoski, la cual inspiró el cuento Testigo forzoso.

En este tramo, un poco menos sombrío que el anterior, el mismo insomne rememora andanzas de juventud. Vasito de caña de por medio, el protagonista recrea viejos bailes de campo en ranchos perdidos en medio del monte, donde la juventud buscaba lo mismo que en los tiempos que corren: diversión.

Padres vigilantes, peoncitos libidinosos, chinitas en busca de marido, gauchos con facones en la cintura y gringos con escopetas son los personajes de presencia tácita que Toño López encarnó con gracia. Una historia tragicómica, un matrimonio brevísimo, un escape, y una amistad que se termina es la síntesis del argumento.

La iluminación y su juego de sombras fueron ingredientes esenciales en el espectáculo, que tendrá una segunda y última función el viernes 29, a las 21.30, nuevamente en la sala Arteatro (Tucumán 378).

Testigo de primera mano

El autor de Testigo forzoso y El último cajón, cuentos en los que se basó la obra dirigida por Kohner, estuvo presente en el estreno: “Es algo distinto, es gratificante verlos puesto en escena, porque es la prueba de que tus escritos llegaron a alguien que tuvo la voluntad de ponerlos en escena y trabajarlos, algo por lo que estoy súper agradecido. En el caso del primer cuento, El último cajón, yo no lo había visto, pero a Testigo forzoso sí, porque fue un texto que Toño trabajó en 2013 en un festival, llamado De la idea a la puesta, en el que tuve la oportunidad de conocerlo y entablamos contacto. Él me pidió el libro de cuentos del cual había extraído Testigo forzoso, y de ahí tomó también El último cajón. Quedé muy contento con el resultado”, manifestó a Escenario.

Esta es la primera vez que un cuento de Borkoski sale de Misiones en formato teatral, por lo cual decidió viajar hasta Paraná y presenciar el estreno en primera fila. Este joven escritor nació en Posadas, en 1981. Sus trabajos literarios son material de estudio en instituciones secundarias y universitarias de Misiones Chaco, Corrientes y Formosa. Gran parte de su obra, está atravesada por la geografía del noreste argentino y, en especial, de Misiones. “Tengo una cuestión de afinidad con el monte y la selva. Me crié viajando mucho al interior de mi provincia, porque mis abuelos vivían allí. Si bien también escribo relatos urbanos, el monte llama. Incluso, las dos novelas que escribí están ambientadas en la selva, creo que eso nos pasa un poco a todos los escritores misioneros, nos cuesta mucho despegarnos de la mística que tiene la selva”, observó.