“La novela es casi un homenaje a los que protegen la naturaleza” - Nota El Territorio

“El monte espera con paciencia que la suerte del cazador se acabe”. Son las palabras de Baldur, uno de los personajes de Trampa Furtiva, el ultimo libro escrito por el misionero Sebastián Borkoski. En sus páginas, se describe la batalla entre quienes dañan y cuidan la selva paranaense, una historia ficcional que por desgracia nació de una problemática que acecha a los animales de esta tierra.

“El tema llegó a mí”, contó Borkoski en una entrevista con El Territorio. La idea surgió durante un viaje de trabajo, mientras el escritor manejaba por la ruta 101 atravesando chacras y selva del Parque Nacional Iguazú. De repente, a lo lejos, comenzó a ver luces extrañas en la espesura del monte. Al otro día, un lugareño resolvió su inquietud: “Esa es la señal de los cazadores furtivos”. 

Tiempo después, Borkoski descubrió una pintura durante un viaje en Río de Janeiro. En el museo de bellas artes, la obra de Almeida Junior, titulada Caipiras Negaceando, llamó su atención y así comenzó a delinear las personalidades de Urunday y Freitas, los cazadores protagonistas de la novela.

Trama Furtiva implicó un extenso trabajo de investigación, de observación, viajes y entrevistas. Juan Argañaraz fue uno de los guardaparques que le brindó información valiosa para construir su relato ficcional.
“Dedicado a todos los que ofrecen su vida a proteger la naturaleza”, se expresa en las primeras páginas. “En el monte todo desaparece. Creo que no debe haber algo más difícil que buscar a alguien que ya está escondido ahí adentro... Quise hacer un homenaje y para que se conozca la dificultad de ese trabajo”, manifestó Borkoski.

En la novela situada en los arroyos Yacuy y Santo Domingo, se describen tres tipos de cazadores: los que cazan para comer por necesidad, los que lo hacen por diversión “una vez cada tanto” y los más peligrosos, que lo realizan como su estilo de vida. Al mismo tiempo, se rompe con el mito de que los cazadores furtivos matan para vender la piel. “Lo que es real es que existe una demanda de carne silvestre”.

En este sentido, Borkoski contó: “En la presentación del libro me preguntaron si era una novela de denuncia. Yo dije que no, que era una novela para mostrar algo. No me gustaría ser un escritor denunciante, porque me da la idea de que le estás diciendo al lector qué pensar al respecto”.

Sin embargo, aclaró su postura: “Obviamente existe una tendencia porque no me gusta cazar, me gustan los animales y el monte y cuido todo esto. Pero no es una novela inocente donde existe un cazador malo y el otro que lo tiene que agarrar. Hay diferentes cazadores y puntos de vista”.

¿Entonces cuál sería tu mirada?

Trato de tener una mirada desde el corazón y la razón. Mi primera reacción fue condenar al cazador furtivo. Pero después cuando empecé a investigar a esta gente, sus motivos por los cuáles pueden cazar, ahí la cosa cambió un poco. Ya no podía sentenciarlo, sobre todo por el daño al monte. Quizás uno mismo por apuro circula a 100 kilómetros por hora yendo al aeropuerto de Iguazú cuando tendría que hacerlo a 50, porque puede matar a un puma; ahí también tenes el arma. Estos señores (los cazadores) se ven muy vándalos o ladinos, pero en Buenos Aires un tipo de traje perfectamente prolijo podría estar con una firma talándote muchísimas hectáreas y haciendo más daños.

¿De qué escribirías si ese escenario de la selva no existiera más?

Sería muy triste. Ojalá no llegue nunca el día en que alguien lea esta novela y diga ‘te imaginás como era’. Es como cuando uno lee La Bajada Vieja o El Río Oscuro. Pero cuando un monte desaparece es mucho más grave. El Río Oscuro te habla de hectáreas o yerbales cerca del Puerto Viejo, Puerto Libertad, Eldorado, Montecarlo, que ya no existen.

¿Hay una búsqueda de identificación del ser misionero?

No hay una búsqueda intencional, sino que Misiones me lleva a eso. En Cetrero Nocturno tengo algunos cuentos con escenarios universales. Pero siempre que ocurre algo en mis libros es en Misiones o en cualquier otra parte. Misiones me inspira. El tema de la caza es internacional. Es muy loco. Imaginate que un día nos digan que no hay más yaguaretés. Desgraciadamente, me pongo a pensar y no sé si veo eso tan lejano.

¿Qué tiene que tener una historia para que la escribas?
En el caso de una novela, parto de una realidad que me parece interesante, pintoresca o me conmueve. La principal diferencia entre El puñal escondido y Trampa Furtiva es que en la última aprendés algo nuevo.

Este es tu tercer libro, ¿cómo podrías describir tu crecimiento?

Lo que puedo decirte es que jamás estoy conforme. Mi hermano me dijo, cuando publiqué El Puñal Escondido, un elogio retorcido y raro: “Ojalá este sea tu peor libro”. Y me pareció interesante. Esta vez me tomé más tiempo para absorber la realidad, para buscar un estilo de prosa que pueda ser acorde a eso. Y eso viene de la maduración de Cetrero Nocturno, donde jugaba con diferentes narradores, el suspenso y el dramatismo.

¿Qué implica escribir y publicar un libro en Misiones?

Es positivo lo que está ocurriendo. Hay mucha gente que está publicando, que se lanza y se anima a escribir libros. Una vez hablando con Olga Zamboni me dijo que ahora es más barato publicar que antes, que existen mayores posibilidades. También existen los blogs; yo empecé escribiendo ahí. Te puede leer cualquier persona en cualquier parte del mundo.
Es muy difícil vivir solamente de la escritura. Tenés que vender mucho, ser un bestseller prácticamente.

¿Cuáles serían los desafíos para que realmente vivan de la escritura?

Voy a parafrasear a Sábato: “Si nos llega dinero por nuestra obra, está bien; pero escribir para ganar dinero es una abominación. Esa abominación se paga con el abominable producto que así se engendra”. Creo que lo deja bien claro: escribí porque te gusta, porque lo amas y lo deseas. Me quiero abrir de esa cuestión del apoyo o el no apoyo de la Provincia para los artistas.

¿Cuál es tu compromiso con la escritura?

El mismo compromiso que se tiene con una persona que se ama, que podes tener con tu madre, tu pareja o tus hermanos. Es parte de mi vida. No puedo sacármelo, no puedo traicionarlo. Por suerte tengo mi trabajo, mi profesión de ingeniero que me permite vivir, viajar una vez por año, tener una existencia regalada a lo que es el mundo hoy en día. Yo no busco ser el escritor famoso que vive en su casa escribiendo un libro, prefiero hacer cosas desde el corazón, sin la presión del dinero... Pensaba que es bueno también el momento que me tocó vivir en la literatura misionera, cuando hay tantos que están escribiendo. Hay nombres nuevos y eso trae un oxigeno porque hay para todos los gustos. Me interesa que se escriba mucho, pero no sé si alguno va a poder vivir de eso. Ojo, yo no quiero ser hipócrita. Ese es el mundo ideal para mí: cuando tengo ganas, sentirme inspirado y sentarme a escribir. Viene alguien y me paga por hacer eso y ya estoy firmando contrato. Pero hay que ser realista. Quizás algún día ocurra.

Fuente: El Territorio
Nota en la Web: www.territoriodigital.com/notaimpresa.aspx?c=0126045331114848